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viernes, 14 de noviembre de 2014

Una vida de acción de gracias


La primera celebración de Acción de Gracias en 1621 sirvió para que los colonos de Inglaterra compartieran con los nativos americanos una fiesta de tres días, para dar gracias a Dios por las abundantes cosechas y agradecer a los indígenas de la región por ayudarlos a sobrevivir en el Nuevo Mundo. Como sabemos, por la historia, los colonos enfocaron sus celebraciones en darle gracias a Dios y en compartir con otros como una muestra de gratitud.

Actualmente, la celebración del Día de Acción de Gracias tiene varias motivaciones y enfoques. Sin embargo, para los creyentes el enfoque sigue siendo el de dar gracias al Señor. La Biblia nos anima a desarrollar una actitud de acción de gracias todo el tiempo.

“Y la paz de Cristo gobierne en su corazón, pues a ella fueron llamados en un solo cuerpo, y sean agradecidos. La palabra de Cristo habite abundantemente en ustedes, enseñándose y amonestándose los unos a los otros en toda sabiduría con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando con gracia a Dios en su corazón. Y todo lo que hagan, sea de palabra o de hecho, háganlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Colosenses 3:15-17).

“Por nada estén afanosos; más bien, presenten sus peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” (Filipenses 4:6). “No se olviden de hacer el bien y de compartir lo que tienen porque tales sacrificios agradan a Dios” (Hebreos 13:16).

“Entren por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza. Denle gracias; bendigan su nombre” (Salmo 100:4). “¡Gracias te damos, oh Dios; te damos gracias! Porque cercano está tu nombre; se cuenta de tus maravillas” (Salmo 75:1).

(Todos los versículos son de la Biblia Versión RVA 2015).

La Casa Bautista de Publicaciones/Editorial Mundo Hispano agradece al Señor por su fidelidad durante 110 años de existencia y ministerio. Agradecemos a usted por sus oraciones y su apoyo al usar los recursos que producimos. Nos comprometemos a seguirle sirviendo con gozo y excelencia, para la gloria de Dios.

David Fajardo
Conexiones Mundo Hispano

viernes, 13 de junio de 2014

¡Quiero ser un buen padre!


El grito de ayuda que todo hombre emite al tener en sus brazos a su hijo por primera vez, proviene desde el fondo de su corazón. Al tener en sus brazos a su bebé por primera vez, sabe que se enfrenta a lo desconocido, a algo que es su tremenda responsabilidad, pero que no sabe cómo cumplirla. Quiere que su hijo sea feliz,  seguro de sí mismo, capaz y persona de bien. Se da cuenta que lograr eso es su responsabilidad y que no es nada fácil, porque especialmente no sabe cómo hacerlo.


Los cristianos tenemos en la Biblia un Manual de Instrucciones que es un verdadero tesoro esperando para ser usado. Quisiera compartir algunos de ellos con ustedes:

1. Valoremos a nuestros hijos. Salmos 127: 3 dice:
“He aquí, heredad del Señor son los hijos; recompensa es el fruto del vientre”.

Nuestros hijos son herencia de Dios. Si nuestros hijos son herencia de Dios no estamos hablando de cualquier cosa; estamos hablando de algo de mucho valor. Nuestros hijos no son objetos ni estorbos sino regalos de Dios. Dios los ha puesto en nuestras manos para que los administremos porque Él confía en nosotros.

2. Enseñemos a nuestros hijos a ser íntegros. Proverbios 20:7 dice:
“El justo camina en su integridad; bienaventurados serán sus hijos después de él”.

Debemos ser ejemplo de integridad para nuestros hijos. Ellos nos están mirando siempre. No hay nada que dé más seguridad a un niño que saber que su papá es una persona buena, que no actúa con engaño y que cumple lo que dice.

3. Enseñemos de Dios a nuestros hijos. Deuteronomio 6:6, 7  dice:
“Estas palabras que yo te mando estarán en tu corazón. Las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa o andando por el camino, cuanto te acuestes y cuando te levantes”.

La familia es el lugar principal de enseñanza. Esto quiere decir que debemos procurar que aun nuestros temas de conversación deben compartir nuestra fe en Dios. Nuestros hijos deben vernos practicar nuestras disciplinas espirituales porque ellos, especialmente los niños, aprenden por imitación. Si ellos nos ven orando aprenden a orar, si nos ven leyendo la Biblia desarrollarán amor por las Escrituras, si nos ven disfrutando la vida de iglesia también les gustará participar en ella.

Todos queremos ser buenos padres, tomemos pues el Manual de Instrucciones y pongámoslo en práctica. No somos padres porque hemos traído hijos al mundo o porque los tenemos en casa. Somos padres porque invertimos nuestro tiempo en ellos, valorándolos como persona, mostrándonos como personas íntegras y especialmente guiándolos a conocer más a Dios. La tarea no es fácil pero Dios está con nosotros para guiarnos y sostenernos en el hermoso caminar de ser padres.


Raquel Contreras
Directora General
Casa Bautista de Publicaciones/ Editorial Mundo Hispano

martes, 15 de abril de 2014

¿Por qué debo leer la Biblia?

Muchos de nosotros luchamos con mantener la disciplina de la lectura diaria de la Biblia, aun cuando tenemos toda la intención de hacerlo. Quizá sea porque no entendemos cuán importante es. Solo reconocemos que debemos hacerlo.

Sin embargo, la Biblia misma nos lleva más allá de este sentimiento de culpa y nos dice porqué necesitamos leer las Escrituras. El apóstol Pablo nos dice:

“Pues lo que fue escrito anteriormente fue escrito para nuestra enseñanza a fin de que, por la perseverancia y la exhortación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Romanos 15:4, VMH).
Cuatro razones muy claras y vitales de porqué necesitamos leer la Biblia se encuentran en este versículo:

1. Enseñanza. Necesitamos aprender. Un corazón que se deja enseñar y se somete a la sabiduría y autoridad de las Escrituras disfrutará de una vida plena.

2. Perseverancia. Necesitamos perseverar. Las Escrituras nos muestran que nuestro Dios no nos abandona nunca; él es siempre fiel. Aun cuando nos cueste perseverar las Escrituras nos animan a continuar perseverando.

3. Exhortación. Necesitamos ser animados diariamente. Las Escrituras lo dejan claro. Al ser animados vivimos una vida en paz.

4. Esperanza. La esperanza bíblica nos asegura que Dios está en control y que cumple sus promesas. Es en él en quien confiamos.

El mundo ha cambiado desde que la Biblia fue escrita pero su mensaje es el mismo hoy y lo será siempre. Sigamos leyendo las Escrituras, pues solo así cambiará nuestra vida.


Raquel Contreras
Directora General